
Llegan estas fechas y todos tienen algo que celebrar: Halloween, el Día de los Muertos, La festividad de todos los santos…
Yo también tengo algo que celebrar, aunque no tiene nada que ver con murciélagos, calaveras o ataúdes. Celebro el día en que conocí a M.
Por aquel entonces vivía de nuevo en Valencia, después de pasar un año en el pueblo donde ahora vive mi madre. Necesitaba volver a la capital y lo hice.
Estudiaba aún en el instituto, aunque para ir tenía que desplazarme todos los días unos 20 kilómetros, consecuencia de estar aún matriculada en el centro donde estudié el año anterior. Los fines de semana era el único tiempo libre del que disponía, así que lo aprovechaba hasta el máximo, especialmente los domingos.
Solía juntarme en una plaza con un grupo de gente, en su mayoría aficionados al hip hop y al graffiti. Algunos de ellos aún siguen, otros fueron desapareciendo por el camino y no sé nada de ellos. Lo pasaba bien, hablando con la gente, riéndome y sobre todo lejos de mi abuela y el tedio que me provocaba el quedarme con ella cuando no tenía nada que hacer.
La noche del 31 de Octubre, una de las chicas que se juntaban en la plaza, había montado una pequeña fiesta en su casa. Alcohol, mucha gente y la música de Violadores del Verso a toda leche (un álbum que aún valía la pena escuchar…). Yo iba con mi amiga la raperuza (así la llamo yo cariñosamente) y su novio de entonces. El día anterior debatíamos que hacer esa noche: o ir a la fiesta de la chica (a la que no tragábamos en absoluto) o ir a un concierto que se celebraba el mismo día 31 por la noche, en un instituto de Valencia, donde iba a actuar Ari, una de las voces femeninas del hip hop español. Esa actuación no me atraía especialmente pero antes saldrían al escenario un par de grupos, uno de ellos una banda de hardcore (cuyo nombre ya no recuerdo) a los que quería ver.
Al final, decidimos pasarnos por casa de la festera un rato y después de conseguir que el hermano de la raperuza nos llevara en coche, llegamos por fin al instituto donde celebraban el concierto. Estaba lleno hasta la bandera. Pagamos nuestras 500 pesetillas y nos metimos entre la multitud.
Al cabo de estar allí y después de un par de “pastelitos del espacio” (que llevaban más maría que otra cosa) fuimos a andar un rato por el recinto. Empezó a llegar alunas de las personas con los que nos solíamos reunir y todos venían a ver a Ari.
La raperuza, no dudó en ir a saludar a la gente y yo como siempre me escudaba en ella, había algunos a los que no conocía. Pero…había otros a los que había visto alguna vez ya en la plaza, pero con los que nunca había hablado.
Allí estaba él. M.
Su pelo largo y brillante, sus ojos verdes, su perilla, su…diábolo??
La raperuza nos presentó oficialmente, y siempre se lo agradeceré.
Nunca olvidaré, por cierto, cual fue la primera frase que le dirigí:
-”Quieres uno?“- le dije, mientras le acercaba el paquete de tabaco Fortuna.
No hizo ningún gesto especialmente raro, simplemente declinó mi oferta.
Acto seguido, el grupo hardcore se subió al escenario. Y allí salté y grité y salté, mientras mis oídos estaban en el escenario y mis ojos buscándole.
Acabó el cotarro y no-sé-cómo apareció de nuevo con un par de conocidos. Venían a despedirse. Comentamos que nos habían traído pero que no teníamos otra forma de volver a casa que no fuese andando. M se ofreció a llevarnos en su coche (el escorichi, como le llamaba él) y me tocó sentarme justo donde mejor puedes ver al conductor desde el retrovisor.
No despegué los ojos de los suyos, aunque él solo se dedicó a conducir.
Dormí con la raperuza en su casa y recuerdo haberme pasado la noche diciéndole: “Tía, me gusta, me gusta mucho!! Pero no se fijará nunca en mi…”
Pues…se fijó, si. Pero, eso es otra historia, una historia a la que todavía le queda mucho.
pd-Aunque en la entrada pone 30/10/99, en realidad pasaban de las 12 ya cuando empezó el concierto, así que ya era día 31. Y recuerdo que atrasamos la hora…justo esa noche!.