Archivo de March, 2006

    …y dale con Madonna!

    28 de March, 2006 a las 22:17

    Yo nunca fui discotequera, nunca nunca.
    No niego haber estado en alguna, pero siempre empujada por fuerzas ajenas a mi voluntad.
    La música estridente que no te deja hablar, los extraños bailoteos, las luces, el calor, alguna gente…bah! lo mio era ir a un sitio tranquilo, pedirme una cerveza y hablar con el resto de gente hasta aburrirnos, mientras se escuchaba música (a nuestro gusto) agradable a unos niveles auditivos aceptables. Y ‘pa qué más?

    Pues si, ahora me encuentro a mí misma escuchando sin cesar el nuevo disco de Madonna (una señora cuya carrera tampoco he seguido demasiado, por no decir nada) que me recuerda a la música de aquellas discotecas de quinceañeros a las que me arrastraron más de una vez.

    Y si, yo era ésa que se quedaba cerca de la barra, quieta, viendo como mis amigas bailaban. La sosa, la pringada de turno.

    Changes, changes…

    25 de March, 2006 a las 17:33

    Se avecinan cambios.
    Cambios importantes. En teoría para bien.
    Pero no se me conoce por mi optimismo para con mi persona.

    Si algo puede salir mal, saldrá. Es solo una cuestión de enfrentarse a la realidad. No me gusta construirme castillos en el aire, nunca lo he hecho.

    Tengo miedo a no dar la talla, a descubrir que lo mío es…lo que tenga que ser, en lugar de lo que hago.
    Joder.

    Y anoche, que saltos pegaba…y hoy…que acojone llevo en el cuerpo…

    Días y días

    15 de March, 2006 a las 18:47

    Siempre he pensado que soy una persona paciente. Cuando tengo que dar alguna explicación, cuando ayudo a alguien, cuando hago alguna cosa que requiera meticulosidad. Lo sé, soy paciente, tengo paciencia… en general. Pero no siempre. Hay aspectos en mi vida en los que la paciencia a penas tiene cabida.
    Como ejemplos más habituales: los viajes próximos y los cambios en general.

    A saber: en Mayo pondré mis patitas en la City una vez más (esta será la tercera, y me parecen pocas aún!) durante un fin de semana. Echo de menos las conversaciones en inglés y los desayunos del Fairway Hotel.

    Desde que compré los billetes de avión no puedo evitar pensar que mil cosas pasarán para que mi viaje no se lleve a cabo. Si bueno, esa soy yo, doña pesimismo. Lo sé, siempre es lo mismo, por cualquier tontería los planes se van al traste. Intento, de momento, no pensar demasiado en el viaje, aunque cuanto más se acerca más ansias me entran.

    Para rematar la sensación de impaciencia y estrés, tuve la suerte de recibir un soplo sobre una oferta de trabajo en un estudio de diseño, para un puesto como el que ocupo en la actualidad: diseño y desarrollo web. Fué como ponerle delante una piruleta king size a un crío y esconderla al momento. Que sí, que les gusté mucho, que a mi ellos también.
    Pero aun espero una llamada. Tienen que resolver algunas cuestiones con respecto a la contratación. Al menos es lo que sé de momento. Lo bueno es que si todo acaba bien trabajaré por fin en proyectos más interesantes.

    Lo malo es que desde que tuve la entrevista llevo semanas pensando en el trabajo que hago a diario y me doy cuenta de que es una mierda. Si señores, una mierda. Porque diseñan más los comerciales que yo, para qué engañarnos. Y porque me paso las mañanas maquetando secciones que mantienen un mismo patrón a los largo de las webs que desarollo: quiénes somos, qué hacemos y dónde estamos. Para más inri, añado el detectar y corregir todos los fallos tontos que los programadores (que son personas humanas, al fin y al cabo) cometen. Capas que se abren pero que no se cierran, estilos extraños, propiedades aplicadas por duplicado…

    Estoy, lo que se dice, cansada. Y me jode, porque no sólo estoy yo cansada sino que también canso a la gente de mi alrededor. Estoy segura de que a mis compañeros les encantaría cerrarme la boca más de una vez o encerrarme en el cuarto de los servidores para siempre jamás. Lo entiendo y no se lo reprocho. Estoy insoportable.

    Añadir esa irritabilidad al hecho de no tener un momento libre y las fiestas locales, y se convierte todo en un cóctel altamente explosivo.
    Voy a escupir mi veneno a la taza del wáter. Como es porcelana no se estropea…