Cómo cambian las cosas…

Hasta ahora, muchas de las decisiones que tomaba con respecto a mis relaciones sociales y familiares, tenian en común que habían sido decididas teniendo en cuenta aquello que la otra persona pudiese sentir. Hacer daño amis semejantes nunca fué algo que hiciese premeditadamente y siempre intenté evitarlo.

A veces tuve éxito, otras erré sin remedio.

Siempre por los demas. Si, otras decisiones tan sólo me incumbían a mi. Nadie salia perdiendo, sólo ganaba yo.
Pero…ahora, y por primera vez pienso en mi, y seriamente.

Las he pasado putas, de una u otra manera, pero siempre sabia que las cosas saldrían a flote, antes o después. Así soy yo: por cojones. Cuatro lágrimas por aqui, unas risas por allá. Las cosas nunca son graves, al menos en el 99% de los casos.

Pero descubro que hay cosas que podrían destrozarme, cosas que harían que me encogiese en el suelo, que llorara hasta ahogarme en mis propias lágrimas y que no quisiera levantarme nunca más.

Al fin y al cabo sólo soy un trozo de carne con un pequeño cerebro.

Pero…no seamos alarmistas. Todos sabemos que alguien lo está pasando peor que nosotros, en cualquier punto del mundo.
Asi somos y ésa es la suerte que tenemos.

-”…mis problemas son más grandes, más feos y peores que los tuyos!!“-

categorías: frustraciones, hipocondrias

8 comentarios al texto “Cómo cambian las cosas…”

  1. Zuviëh ha dicho:

    Yo por culpa de eso mismo, luego acabo peor, sintiéndome culpable porque no sé tirar hacia adelante.

  2. lightme ha dicho:

    Nunca import cuantos problemas tengas, ni uantas lagrimas uedas derranara al final lo que importa es la fuerza con la que puedas salir de ellos.

    Eso lo que pienso y en esta vida que me ha tocado puffff creo que me va bien :)

    PD: suertecilla y saludines.

  3. Vicente Cruz ha dicho:

    Eih!!! :(

    ánimo!!!

    besos

  4. nonsense ha dicho:

    Ante las desgracias, hay dos tipos de gente…

    Los unos (los mas), piensan, “joder, que putada, me podía haber pasado a mi”…

    Y luego están los menos, los que piensan: “que suerte, que no me ha pasado a mi”.

    Son puntos de vista, yo no digo que uno sea mejor o peor, lo que está claro, es que son formas de enfrentarse a la vida… y yo ya he elejido mi bando…

    Pero que yo de esto no se, ojo, no me vayas a hacer caso ni nada…

  5. Blogofago ha dicho:

    Es crudo,…. e igual es injusto, pero tu reflexion está cargada de sensatez y delata a alguien que esta MADURANDO.

    Desde hace tiempo sigo desde detras de la mata, interesado tu blog y me ha sorprendido agradablemente tu post.

    Asumir que hay gente a la que no vamos a caer bien o a la que no le van a gustar nuestras decisiones es un paso adelante que antes o despues hay que dar…por cojones o por ovarios.

    La vida esta llena de decisiones, casi todas ellas con consecuencias y para no volverse loco decidiendo, hay que marcarse unos criterios de justicia a seguir y …¿ No es justo pensar alguna vez en uno mismo???

  6. Jonay ha dicho:

    UN VIAJE A CITEREA

    Mi corazón, como un pájaro, voltigeaba gozoso
    Y planeaba libremente alrededor de las jarcias;
    El navío rolaba bajo un cielo sin nubes,
    Cual un ángel embriagado de un sol radiante.

    ¿Qué isla es ésta, triste y negra? -Es Citerea,
    Nos dicen, país celebrado en las canciones,
    El dorado banal de todos los galanes en el pasado.
    Mirad, después de todo, no es sino un pobre erial.

    -¡Isla de los dulces secretos y de los regocijos del corazón!
    De la antigua Venus, soberbio fantasma
    Sobre tus aguas ciérnese un como aroma,
    Que satura los espíritus de amor y languidez.

    Bella isla de los mirtos verdes, plena de flores abiertas,
    Venerada eternamente por toda nación,
    Donde los suspiros de los corazones en adoración
    Envuelven como incienso sobre un rosedal

    Donde el arrullo eterno de una torcaz
    -Citerea no era sino un lugar de los más áridos,
    Un desierto rocoso turbado por gritos agrios.
    ¡Yo, empero, vislumbraba un objeto singular!

    No era aquello un templo sobre las umbrías laderas,
    Al cual la joven sacerdotisa, enamorada de las flores,
    Acudía, encendido el cuerpo por secretos ardores,
    Entreabriendo su túnica las brisas pasajeras;

    Pero, he aquí que rozando la costa, más de cerca
    Para turbar los pájaros con nuestras velas blancas,
    Vimos que era una horca de tres ramas,
    Destacándose negra sobre el cielo, como un ciprés.

    Feroces pájaros posados sobre su cebo
    Destruían con saña un ahorcado ya maduro,
    Cada uno hundiendo, cual instrumento, su pico impuro
    En todos los rincones sangrientos de aquella carroña;

    Los ojos eran dos agujeros, y del vientre desfondado
    Los intestinos pesados caíanle sobre los muslos,
    Y sus verdugos, ahítos de horribles delicias,
    A picotazos lo habían absolutamente castrado.

    Bajo los pies, un tropel de celosos cuadrúpedos,
    El hocico levantado, husmeaban y rondaban;
    Una bestia más grande en medio se agitaba
    Como un verdugo rodeado de ayudantes.

    Habitante de Citerea, hijo de un cielo tan bello,
    Silenciosamente tu soportabas estos insultos
    En expiación de tus infames cultos
    Y de los pecados que te ha vedado el sepulcro.

    Ridículo colgado, ¡tus dolores son los míos!
    Sentí, ante el aspecto de tus miembros flotantes,
    Como una náusea, subir hasta mis dientes,
    El caudal de hiel de mis dolores pasados;

    Ante ti, pobre diablo, inolvidable,
    He sentido todos los picos y todas las quijadas
    De los cuervos lancinantes y de las panteras negras
    Que, en su tiempo, tanto gustaron de triturar mi carne.

    -El cielo estaba encantador, la mar serena;
    Para mí todo era negro y sangriento desde entonces.
    ¡Ah! y tenía, como en un sudario espeso,
    El corazón amortajado en esta alegoría.

    En tu isla, ¡oh, Venus! no he hallado erguido
    Mas que un patíbulo simbólico del cual pendía mi imagen…
    -¡Ah! ¡Señor! ¡Concédeme la fuerza y el coraje
    De contemplar mi corazón y mi cuerpo sin repugnancia!

    Charles Baudelaire (1852)

  7. Jonay ha dicho:

    Por lo que sé eres lo suficientemente inteligente como para leer entre líneas a poetas de esta talla. La incertidumbre del camino es lo grandioso de nuestro viaje por la vida; Citerea, como Ítaca, no tiene sentido en sí misma si no es para aprender a leer en nosotros (y en los otr@s). Un saludo.

  8. Dhc ha dicho:

    Es curioso que saques a relucir este poema. Me hice con la edición bilingüe de cátedra (si no me equivoco de ed.) y todavia no he podido leerlo completo. Ahora mismo anda en alguna caja de entre las 9 en las que guardo mi vida de momento.

    Lo leeré con calma. Pero ya que mencionas a Itaca, desde que lei el poema de Cavafis, nunca lo tuve más claro. ^_^
    Un saludo y gracias.

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