Archivo de 2006

Dust you are and unto dust you shall return – Genesis 3:19

Hay cosas que nunca aprendí siendo niña y que la mayoría de mi compañeros siempre tuvieron muy presente.

Nunca supe lo que era el pecado. Nunca me interesó lo más mínimo el concepto de limbo. El cielo se me antojaba inmenso y azul, nada más. Purgatorio es una palabra que apenas he utilizado hasta ahora y pensar en la muerte solo conseguía enfadarme: pensaba que morir era una experiencia tediosa, donde nada a mi aldededor funcionaba y yo miraba siempre hacia la oscuridad que me envolvía.

Lo que si aprendí es que todo aquello con componentes orgánicos tiene fecha de caducidad: los yogures, la leche, los huevos, la fruta, la carne….
Todo acaba por dejar de ser. Todo se pudre.

Nunca entendí el por qué de los entierros.
Entendedme. A mi parecer, cuando una persona muere significa que se acabó. Punto y final. Su cuerpo ha dejado de ser funcional, ni más ni menos. Lo que queda, al fin y al cabo, es todo lo que antes fué. Y todo eso reside en objetos, en recuerdos, en fechas en los calendarios, en fotografías….

¿Para qué mantener los residuos de algo que fué grande y que ya ha dejado de ser? ¿Realmente sirve de algo?

Durante años, llegado el día 1 de Noviembre, acompañé a mi abuela paterna a “visitar” el nicho de mi abuelo, su marido. Realmente no me importaba ir con ella y tampoco tenía elección.
El ritual siempre era el mismo:

El día anterior me hacía bajar a la floristería a encargar un ramo de flores. Siempre me dió a elegir el tipo de flores, y yo siempre me decantaba por las mismas: lirios blancos.
La primera vez que los elegí fué simplemente porque me gustaban, tan blancos y estilizados. Cuando mi abuela los vió aprobó mi elección diciendome que además eran una de las flores que más le gustaban a mi abuelo. Desde entonces siempre escogí las mismas, aunque siempre ponian algunos claveles de relleno.
Las flores se montaban en una cubeta rectangular que luego irian dentro de un macetero pegado al mármol del nicho.

Una vez tenía las flores, mi abuela bajaba al patio de casa y me cogía del brazo. Yo, con la carga de las flores en un brazo y con mi abuela apoyándose en el otro, me arrastraba como podía, calle abajo hacia el cementerio.

Una vez allí, mi abuela encontraba rápidamente el sitio donde habian enterrado a mi abuelo. Todavia hoy no entiendo qué sentido de la orientación debe tener uno para no perderse entre tantas calles y pasillos similiares.

Mi abuela me soltaba y se acercaba al nicho. Allí, una foto de mi abuelo identificaba los restos que ahi dentro se encontraban. Mi abuela limpiaba la foto con su pañuelo de bolsillo, y acto seguido le plantaba un sonoro beso al frio cristal que la protegía.

Me pedía despues que acercase las flores y que las pusiera. Ella ya había quitado las viejas y limpiado el macetero. Yo dejaba las nuevas allí puestas, miraba la foto de mi abuelo y me apartaba de nuevo del nicho y de mi abuela.

Y me la quedaba mirando. Mi abuela, callada, mirando el mármol, mirando la foto y rumiando no sé que cosas mientras se sonaba una y otra vez con el pañuelo.

Nunca entendí qué veneraba. Nuna entendí por qué volvía una y otra vez a decorar ese agujero lleno de restos humanos.
Nunca lo entendí, porque sabía que mi abuelo no estaba allí.

Mi abuelo estaba en casa. Estaba en la salita donde a veces ponía la radio que venía empotrada en un mueble. Estaba en su lado de la cama, en sus cajones donde guardaba sus cosas de fumador. Estaba en el cenicero al lado del sofá, siempre manchado de ceniza. Estaba en la cocina, donde muchas veces se sentaba para prepararse el almuerzo.

Pero no en este agujero, no. Ahi solo quedan huesos, carne podrida, una foto desgastada y unos lirios marrones.

Múm

Green Grass of Tunnel, un regalo para mis oídos….

Lo que sé de Emma

Hasta hoy, hasta esta misma mañana, a las 8:00 am mientras subía al Metro, no conocía a Emma.
Nunca antes había pensado en ella. O si, pero casi negaba su posible existencia.

Hoy finalmente se ha hecho realidad delante de mi, como aquellas cosas que después de tanto esperar por fin llegan: derrepente estan ahi. Y ella estaba ahi.

Realmente, todavía no sé nada de Emma, o a penas nada.
Estoy segura de que Emma es como es, y que lo que yo crea o piense nada tiene que ver con la realidad.

Emma mira a todas partes con cara de asombro, estoy completamente segura. Busca aquello que sus ojos nunca han visto y oye cosas que tiempo atrás escuchaba a lo lejos. Los cinco sentidos siempre alerta. Creo que todo lo hace con una vitalidad que le nace de dentro, simple y llanamente.

Quiero pensar que es inteligente, que sabe apreciar lo poco bueno que queda en este remiendo de planeta. Probablemente tenga la suficiente entereza como para saber elegir por ella misma, aunque tan solo empiece con pequeñas decisiones.
Seguro que le gusta la música, estoy segura! No hay más que mirarla a los ojos cuando se escucha una melodía cerca, como la busca moviendo la cabeza hacia el sonido.

Emma no es ni guapa ni fea, al menos de momento. Pero tiene un atractivo personal, sin duda.
Es única, y de eso tampoco cabe duda.

Realmente, a penas sé nada de Emma, y realmente tampoco sé si alguna vez llegaré a conocerla como cuando se conoce a alguien muy cercano. De momento sigue en algun lado, cerca o lejos, según se mire.

Pero…quien me asegura que Emma es Emma?? Como ya he dicho, no sé nada de ella….
Y si ella….y ella no es ELLA? Y si Emma es Pau?
En fin…solo el tiempo lo dirá.

Arreveure!!

Una maleta con cuatro cosas (para qué más si lo que menos uso al final es la ropa!) y mil ganas de dejar atrás esta semana de una puñetera vez.

Me voy a Barcelona, si señores.
Vale! El Salón del Manga, que no se nos olvide (este año los autores invitados son la pera limonera!). Pero no voy por eso, aunque pasaré por alli el sábado por la mañana.

Añoro los domingos a las 10 en la cama, los besos a cualquier hora del día y la despreocupación más absoluta.
Y este fin de semana no estaré para nadie…que no quiera.

Menuda

menuda

Pensa en mi quan no t’arribi el sou
o quan t’arrambin en el metro a quarts de nou.

I porta’m brodat a la teva brusa
o pintat en el teu somriure vermell.

(…)

Deixa’m anar on vas,
deixa-m’hi anar, menuda,
entre goig i pena abraçat contra el poema
que llegeixes d’amagat.

Menuda (Lletra i música de Joan Manuel Serrat)

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*Piensa en mi cuando no te llegue el sueldo
o cuando te empujen en el metro a las ocho y pico

Y llévame bordado en tu blusa
o pintado en tu roja sonrisa

(…)

Déjame ir donde vayas,
déjame ir, pequeña,
entre alegria y pena, abrazado contra el poema
que lees a escondidas.


Pequeña
(Letra y música de Joan Manuel Serrat)

*(trad. sacada de La Manga)