Anécdotas laborales - Hostelería I

Hoy en Rac1, durante la “Segona hora” del programa “Minoría Absoluta“, pedían a los oyentes que enviasen anécdotas y similares sobre jefes.
He enviado un mail con mi anécdota referente a un jefe que tuve en uno de mis primeros curros (era el primero de hecho, pero con jefe nuevo), y la plasmo aqui para que quede para la posteridad, o al menos, hasta que Mysql explote.
Empecé a currar en verano, hace ya 10 años, en un pequeño establecimiento hostelero que estaba muy cerca de mi casa.
Currar, la verdad, curraba poco en comparación con la diversión de la que disfrutaba día a día con mis compañeros.
Nuestro jefe, un arragao de cuidado, era un tío bastante sospechoso. Casado y con hijos, no dudaba en pegarse sus buenos magreos con la primera que se le pusiera a tiro. Todo lo que implicase vicio, ahi estaba él para probarlo al menos, y su gestión del negocio dejaba bastante que desear.
Como ya he dicho, era bastante poco dado a gastarse un puto duro en intentar que el local no pareciese un antro roñoso. Un día, sin embargo, nos sorprendió con una noticia:
-Nenas!! Voy a comprar sillas para el local!!!
Qué emocionado estaba el hombre!, y qué emocionados los currantes, por fin empezaría el lavado de cara del lugar, aunque fuese empezando por las sillas.
A la semana siguiente, aparece, antes de levantar la persiana, con una furgoneta cargada de sillas y taburetes. Al bajarlo todo, mis compañeros y yo, nos damos cuenta de que las sillas y los taburetes estaban realmente asquerosos: llenos de mierda, vaya. Sucios, hechos polvo, llenos de roñeta…
Alucinando, le preguntamos en petit comité, una compañera y yo, con las que más confianza tenía, de donde cojones había sacado las mierda-sillas.
Más alucinadas aún nos quedamos cuando nos dijo que esas sillas pertenecían al puticlub de un amigo, que, en el momento de ir a tirarlas, se tropezó con nuestro jefe y su oferta de comprar las sillas.
Ni que decir tiene que nunca osé sentarme en ninguna de ellas…..eeeksss!!!













Septiembre 27th, 2008 at 8:32 pm
Aich, Diana, qué poco respeto por la historia. Si esas sillas
hablaran!
Buena anécdota. ¿La leyeron por antena? ¿Se partieron la caja?
Septiembre 30th, 2008 at 3:22 pm
Eeeek!
Con asientos reciclados del metro hubiese sido infinitamente mejor xD
Octubre 21st, 2008 at 6:45 pm
Jejeje. Buena historia de putas sin sillas.
He descubierto tu blog por el concurso de 20minutos en mi campaña de recogida de votos.
El diseño de tu blog se llevará mi voto, esa cabecera me encanta.
Un saludo,
Yoyo
http://ayoyao.blogspot.com
Noviembre 5th, 2008 at 1:45 am
Un día entré en un restaurante y me extrañaron las sillas, eran de color rojo y giratorias como las de oficina, pero estaban atornilladas al suelo. Pregunte del por qué de aquellas sillas y me dieron la respuesta. Se compraron en la suspensión de pagos de un bingo.