3 jours à Paris – I
No sé como lo hicimos (porque creo que en el fondo ella ya quería), pero mi hermana y yo convencimos a mi madre para irnos de viaje las 3 juntas.
La sponsor era, sin duda mi madre. Mi hermana aún anda pensando en irse a compartir piso, no tiene un sueldo con todas las letras y aún sigue estudiando, y yo…bueno, ya sabéis, pagando 2 pisos y todo lo demás, asi que ni ella ni yo podíamos sufragar el viaje, pero mi madre tuvo a bien atreverse a viajar con nosotras y encima regalarnos el viaje.
Compramos los billetes de avión en Vueling y en Booking.com pillamos la oferta de un hotel.
Salimos el sábado pasado por la tarde, sobre las 5. Mi madre tuvo que aguantar nuestros apretujones de manos y lloros. De verdad, odio volar, y para mi hermana era la primera vez.
Llegamos a Paris, sobre las 19h y pico a Orly Ouest y cogimos un bus de Air France que nos dejaba en la Estación de Montparnasse. Para variar, yo me oriento fatal, asi que les hice andar un buen rato con las maletas hasta llegar a la parada de metro que nos dejaría en la puerta del hotel.
Nos alojábamos en un hotelito cerca de la Plaza de Clichy, bastante cerca del Moulin Rouge, pero teniamos miedo de que el hotel resultara un fiasco y tuvieramos problemas de algún tipo. Al final, todo salió perfecto. La chica que nos atendió, Sara, era española, asi que por temas de idioma, ningún problema. El hotel en cuestión, La Fleche D’or, es muy recomendable, por precio, por situación, por trato y por las comodidades. La única excepción: imposible usar su red o wifi por su exagerado precio: 8 euros la hora.
Asi pues, dejamos todos los bártulos en el hotel, nos aseamos un poco y salimos a visitar el Paris nocturno.
Nuestro recorrido acabó en el Sacré Coeur, pero durante el paseo cenamos en una hamburguesería corriente y moliente, alucinamos con los escaparates de los sex-shop y similares, vimos un montón de gente haciendo fotos a la puerta de Moulin Rouge, y descubrimos la cantidad de gente rara que hay en la capital francesa. De todo y para todos. Tuvimos que ir, claro está, a Montmartre, que tiene el mismo encanto de día que de noche.
El barrio es muy chulo, con sus casitas bajas, sus subidas y bajadas, sus tiendecitas, restaurantes y creperías. Decidimos gracias a la insistencia de mi hermana (que quería visitar el Deux Moulins), que el último día en Paris vistaríamos Montmartre de día.
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