Archivo de la categoría ‘frustraciones’

    3 años de amor mutuo…rotos por un apagón..

    19 de October, 2008 a las 19:53

    iMac g5

    Hace una semana cayó, en el pueblo donde vivo, una granizada de “no-te-menees”.
    Creo que ya lo comenté (o no), estando en la ducha se fue la luz. El problema no era estar en la ducha, congelándome esperando a que Roger pusiera agua a calentar (en seguida la tuve lista), el problema fué que a mi iMac G5 le pasó “algo“.

    Algo que hizo que un dia, por la mañana, se encendiese y apagase contínuamente. En una de esas idas y venidas, cuando parecía estable, hice backup, lo apagué y me fuí a currar. Todo perfecto durante el resto de la semana. El jueves dormí en BCN y el viernes, al volver a casa, después de recoger a mi hermana en Sants, apreté el botón de encendido y no pasó absolutamente nada.

    No se enciende. Ha decidido que no se enciende nunca más, de momento.
    Quizás sea la fuente de alimentación, quizás sea la placa. Todo dependerá de lo que me cueste arreglarlo, porque si se sale del presupuesto….se acabo el G5. Asi que esta semana, me acercaré a Microgestió, a ver que me cuentan. Yo, por si acaso, he hecho fotos del contenido del Mac (placa, fuente, ram, etc…), he sacado todas las fotos cochinas y he repasado en el disco duro externo que hice bien hecho el backup.

    Y no me vengais con chorradas de peceros. Mi ordenador se ha portado com un puto campeón, me importa una mierda que vuestros pecés tengan tarjetas gráficas del copón, me importa nada y menos que vuestros ordenadores molones tengan doble núcleo, doble gigaherzios o doble refrigeración.
    Me importa un comino, porque mi iMac es ÚNICO, SAGRAO, y el MEJOR ORDENADOR que he tenido en la vida.

    iMac g5

    Y le quiero.

    Anécdotas laborales - Hostelería I

    26 de September, 2008 a las 19:39

    Hoy en Rac1, durante la “Segona hora” del programa “Minoría Absoluta“, pedían a los oyentes que enviasen anécdotas y similares sobre jefes.
    He enviado un mail con mi anécdota referente a un jefe que tuve en uno de mis primeros curros (era el primero de hecho, pero con jefe nuevo), y la plasmo aqui para que quede para la posteridad, o al menos, hasta que Mysql explote.

    Empecé a currar en verano, hace ya 10 años, en un pequeño establecimiento hostelero que estaba muy cerca de mi casa.
    Currar, la verdad, curraba poco en comparación con la diversión de la que disfrutaba día a día con mis compañeros.
    Nuestro jefe, un arragao de cuidado, era un tío bastante sospechoso. Casado y con hijos, no dudaba en pegarse sus buenos magreos con la primera que se le pusiera a tiro. Todo lo que implicase vicio, ahi estaba él para probarlo al menos, y su gestión del negocio dejaba bastante que desear.

    Como ya he dicho, era bastante poco dado a gastarse un puto duro en intentar que el local no pareciese un antro roñoso. Un día, sin embargo, nos sorprendió con una noticia:

    -Nenas!! Voy a comprar sillas para el local!!!

    Qué emocionado estaba el hombre!, y qué emocionados los currantes, por fin empezaría el lavado de cara del lugar, aunque fuese empezando por las sillas.
    A la semana siguiente, aparece, antes de levantar la persiana, con una furgoneta cargada de sillas y taburetes. Al bajarlo todo, mis compañeros y yo, nos damos cuenta de que las sillas y los taburetes estaban realmente asquerosos: llenos de mierda, vaya. Sucios, hechos polvo, llenos de roñeta…

    Alucinando, le preguntamos en petit comité, una compañera y yo, con las que más confianza tenía, de donde cojones había sacado las mierda-sillas.

    Más alucinadas aún nos quedamos cuando nos dijo que esas sillas pertenecían al puticlub de un amigo, que, en el momento de ir a tirarlas, se tropezó con nuestro jefe y su oferta de comprar las sillas.

    Ni que decir tiene que nunca osé sentarme en ninguna de ellas…..eeeksss!!!

    O subes o mueres…

    17 de August, 2008 a las 21:56

    Al metro de Barcelona

    …o al menos eso es lo que parece que piensen los viajeros de Barcelona cada vez que un tren de cercanías o un metro de Barcelona (no conozco la red de FGC) llega a su parada.

    Es increíble.
    Me he dado cuenta de la ansiedad con que la gente utiliza estos transportes públicos. Cuando oyen el sonido del convoy aproximándose, se abalanzan literalmente al borde del andén, para ser los primeros primerísimos para entrar. Les importa una mierda si tienen que empujar, pisar, chafar o apartar a nadie. Les da EXACTAMENTE igual.

    Una vez entrar, apenas se mueven un maldito milimetro. La consecuencia de ello: todas las zonas de entrada al metro se colapsan con personas pegadas unas a otras, y por detrás de ellos quedan huecos donde cabe perfectamente la gente que queda al final de la cola, intentando entrar antes de que las puertas del convoy se cierren. Porque esa es otra. Apenas subes, oyes ya el pitido. Parece que hasta los conductores tienen prisa.
    Yo siempre espero a que suban tooodos los borregos. Porque para mi son eso, borregos. Todos a una, sin importar a quien te llevas por delante.
    No me importa esperar a otro tren o metro. Para mi es un lujo esperar tan sólo 3 o 4 minutos al próximo metro, y en cuanto al tren, 10 minutos no son nada.
    Si habéis vivido en Valencia, entenderéis lo que os digo, y si habéis vivido en Torrent, lo entenderéis mejor aún.

    No pienso pegarme con nadie para subir a un puto metro o tren. La vida no me va en ello.
    En estas situaciones, se respira una mala leche general que realmente da miedo. Abuelas empujando con una fuerza que solo la sacan de su mala leche y egoísmo. Gente adulta y en perfectas condiciones que se tiran de cabeza a los asientos reservados para ancianos, embarazadas, etc…, pre-adolescentes y no tan pre que no dudan en meterte la sobaca en la boca…..y así, hasta el infinito y más allá.

    Y la mala leche es contagiosa, es evidente.

    La semana pasada, mientras me aferraba al techo del metro, en el trayecto hacia el trabajo (el metro todavía en marcha, recién salido de una estación), una señora tuvo a bien pegarme un empujón instándome a moverme para dejarla pasar. Es evidente que no tenía ni un milimetro para moverme, el metro iba a tope, asi que no respondí al empujón y la mala leche crecía en mi interior. Al segundo oigo que la señora me grita:

    Nena!! Vas a bajar o que?

    Aguantándome las ganas de empotrarle la cabeza en la puerta, me giré despacio, la miré, me quité los cascos (aunque llevo la música bastante baja) y le pregunté: “-¿Perdón?

    Volvió a preguntarme lo mismo, esta vez con un tono de impaciencia e imbecilidad a partes iguales.

    NO, NO VOY A BAJAR Pero cuando USTED quiera bajar, yo la dejaré pasar, no se preocupe.”

    Mientras la señora me miraba alelada, me enchufé los cascos y me giré.
    Y a tomar por culo.