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O subes o mueres…

Al metro de Barcelona

…o al menos eso es lo que parece que piensen los viajeros de Barcelona cada vez que un tren de cercanías o un metro de Barcelona (no conozco la red de FGC) llega a su parada.

Es increíble.
Me he dado cuenta de la ansiedad con que la gente utiliza estos transportes públicos. Cuando oyen el sonido del convoy aproximándose, se abalanzan literalmente al borde del andén, para ser los primeros primerísimos para entrar. Les importa una mierda si tienen que empujar, pisar, chafar o apartar a nadie. Les da EXACTAMENTE igual.

Una vez entrar, apenas se mueven un maldito milimetro. La consecuencia de ello: todas las zonas de entrada al metro se colapsan con personas pegadas unas a otras, y por detrás de ellos quedan huecos donde cabe perfectamente la gente que queda al final de la cola, intentando entrar antes de que las puertas del convoy se cierren. Porque esa es otra. Apenas subes, oyes ya el pitido. Parece que hasta los conductores tienen prisa.
Yo siempre espero a que suban tooodos los borregos. Porque para mi son eso, borregos. Todos a una, sin importar a quien te llevas por delante.
No me importa esperar a otro tren o metro. Para mi es un lujo esperar tan sólo 3 o 4 minutos al próximo metro, y en cuanto al tren, 10 minutos no son nada.
Si habéis vivido en Valencia, entenderéis lo que os digo, y si habéis vivido en Torrent, lo entenderéis mejor aún.

No pienso pegarme con nadie para subir a un puto metro o tren. La vida no me va en ello.
En estas situaciones, se respira una mala leche general que realmente da miedo. Abuelas empujando con una fuerza que solo la sacan de su mala leche y egoísmo. Gente adulta y en perfectas condiciones que se tiran de cabeza a los asientos reservados para ancianos, embarazadas, etc…, pre-adolescentes y no tan pre que no dudan en meterte la sobaca en la boca…..y así, hasta el infinito y más allá.

Y la mala leche es contagiosa, es evidente.

La semana pasada, mientras me aferraba al techo del metro, en el trayecto hacia el trabajo (el metro todavía en marcha, recién salido de una estación), una señora tuvo a bien pegarme un empujón instándome a moverme para dejarla pasar. Es evidente que no tenía ni un milimetro para moverme, el metro iba a tope, asi que no respondí al empujón y la mala leche crecía en mi interior. Al segundo oigo que la señora me grita:

Nena!! Vas a bajar o que?

Aguantándome las ganas de empotrarle la cabeza en la puerta, me giré despacio, la miré, me quité los cascos (aunque llevo la música bastante baja) y le pregunté: “-¿Perdón?

Volvió a preguntarme lo mismo, esta vez con un tono de impaciencia e imbecilidad a partes iguales.

NO, NO VOY A BAJAR Pero cuando USTED quiera bajar, yo la dejaré pasar, no se preocupe.”

Mientras la señora me miraba alelada, me enchufé los cascos y me giré.
Y a tomar por culo.