Recuperando el sueño y la dura realidad

Que gusto da despertarse a las 11 cuando hace más de un año que lo máximo que has dormido son 5 horas diarias.
Y es que el problema no es dormir 5 horas, sino mal-dormirlas y no parar en todo el día.

Después de haber estado en Valencia el fin de semana pasado, haber visto a la familia (incluido mi padre, a quien no veía desde hace un año) vuelvo a casa, a Barcelona, y qué gusto volver a ver a Roger, volver a dormir en mi camita y recuperar por fin todas las cajas de la mudanza que aún nos quedaban por recoger.

El lunes me levanté sobre las 9:30 y Roger ya llevaba un buen rato currando. Aún con el pijama y recién desayunada, llaman a la puerta. Pensando que era el cartero, abro y vuelvo al estudio. De nuevo, llaman a la puerta de arriba. Sorpresa!!!! : el nuevo dueño del piso.

Cuando alquilamos este piso, el propietario era una empresa formada por mi casero y su cuñado. Gracias a la crisis y al movidón inmobiliario, han tenido que deshacer la sociedad y «repartirse» los pisos (por sorteo, dijo el hombre), asi que, ahora a quien rindo cuentas es al cuñado. Pero no empieza bien el cuñado, no.

Se presenta en mi casa antes de las 10 de la mañana y SIN AVISAR. Esta vez se lo paso por alto, pero nunca más. Lo que nos venía a contar (además de venir a cotillear, porque no hacía más que mirar a su alrededor) es que cambiaremos el contrato para que los nuevos datos del dueño estén actualizados. Pues bueno.

Me hizo gracia (y seguro que a él mucha más) el hecho de que el piso estuviese patas arriba despues de que Roger recogiese todas las cajas que nos faltaban y las dejase en el comedor. Seguro que el nuevo dueño del piso pensó:

Qué gente más desordenada….«

En fin, la proxima vez, como venga sin avisar, se quedará en la puerta. Como me llamo Diana.