Venderle la moto a tu cliente

Lo podemos plantear «tal que así«:

Usted tiene una empresa en la que, desde tiempos inmemoriables, sus curritos entregan su tiempo en diseñar y maquetar páginas web para sus diversos clientes: ferreterías, pastelerías, tiendas de electrodomésticos, etc…

Pasan los años y derrepente descubre (tras escuchar a sus curritos hablando entre ellos) el concepto dospuntocero (demasiado vasto para su mente) y el concepto blog, que después de una profunda explicación por parte de su segundo de abordo, resulta ser el copón bendito en el internet de esta nueva era.

Ahora, hay que buscar a quien venderle la moto.

Resulta que su primo tiene contactos en un pueblecito de la Mancha, donde unas modernas monjas empiezan a despegar en esto del mundo interactivo y quieren abrir sus puertas al resto del mundo mundial, sobre todo para poder engrosar su lista de afliliadas.

Allá que va usted, dispuesto a vender a su propia madre con tal de que las monjas firmen el presupuesto que usted les ha preparado, donde les explica cómo encauzará su nueva linea de promoción en la red para ese pequeño convento. Les incluye, como no, el desarrollo de un blog, donde las monjitas hablarán de su «vida privada» (léase el juego de palabras…ehem..) y recibirán feedback de los lectores y lectoras.

Evidentemente, una monja poco sabe de gestionar un blog. Se ponen de acuerdo ambas partes y usted decide buscar a un blogger (preferiblemente mujer, por aquello del concepto monja) para que se dedique a escribir sobre el convento, la fé, las maravillas del entorno, etc… Las monjas están encantadas con las perspectivas.

Hace una criba entre las posibles candidatas con ayuda de sus curritos, y al final se decanta por la que tiene las tetas más gordas y que da la casualidad, lleva mas tiempo en esto de la blogosfera. Ella tiene un blog personal, otra vida, donde explica sus noches de desenfreno, sus movidas personales y sus más oscuros sentimientos, además de adornarlo con fotos propias dignas de Hustler.

2 meses después, el blog de las monjas va viento en popa. Su equipo y la blogger se dedican a publicitarlo en cada rincón de la red, pero, como siempre pasa, las buenas críticas dejan paso a las malas críticas.

La gente desconfía de la vericidad del blog. Dudan que la escritora sea una monja, exigen fotos y quieren pruebas fehacientes de que esa blogger/monja «no ha conocido varón«.

Campaña de acoso y derribo. La blogger empieza a agobiarse y a sentirse acosada por los lectores del blog. Por cosas de la vida (más bien el sobrino de una monja que tiene un foro de videojuegos), las monjas descubren la identidad de la blogger a la que usted ha contratado para este trabajo.

Su empresa está en boca de todos. Su reputación (si es que la tenía) se va a pique y todos asocian su nombre con el del individuo que engañó a unas monjas.

Muy ofendidas e indignadas por el perfil de la blogger y el descaro de usted por tan siquiera proponerla, las monjas rescinden el contrato y la blogger despachada se torna una loca histérica reclamando derechos absurdos e indemnizaciones varias.

Y ahi está usted.

Mirándose las puntas de los zapatos y pensando:

Me tenía que haber quedado con el ultramarinos de mi padre, si ya me lo decían….

Viva el dospuntocero y la virgen de los dolores!!!