Patatas fritas

Venía yo pensando en aquello que se supone tuve alguna vez cuando empecé con esto.

Y me da la sensación de que ni lo sé, ni lo supe, y ya tampoco me importa. Pero me preocupa estar convirtiéndome en una patata.

Literalmente: una patata.

3 jours à Paris – II

Ni que decir tiene que esa noche caimos fulminadas. Tanto patear me habia dejado las piernas inservibles.
Nos levantamos pronto al día siguiente para arreglarnos y desayunar con tiempo. El desayuno era genial. Había prácticamente de todo fruta, quesos, fiambre, huevos, bollería variada, etc… Lo único que eché de menos fue el colacao. No tenian ni chocolate ni cacao en polvo.
A pesar de ello, nos pusimos las botas porque, además, era desayuno-buffet.

Al acabar fuimos a por las mochilas y de nuevo a la calle. Era bastante pronto y nos dirigimos al metro para ir a la parada de Trocadéro, donde se encuentra la Torre Eiffel. Pedi con mi cutre-francés una tarjeta de 10 viajes. La chica de la ventanilla me da, acto seguido, un puñado de 10 billetes. Yo que me la quedo mirando, y le repito que lo que yo le habia pedido era «une carte de 10 voyages«, no 10 viajes sueltos, y me insiste que si, que en Paris, son así. Po fale. Con lo fácil y barato que sería ahorrar papel…

Llegamos a la zona donde se encuentra la Torre Eiffel. Paseamos hacia ella atravesando un parque y un palacio. Cruzamos el puente y llegamos a los pies. La verdad es que desde que la vimos a lo lejos, no nos parecía grande. Si grande, pero no monstruosa como en realidad es. Había bastante cola, pero por suerte iba bastante rápido. Escogimos unos billetes para la cima con la suerte de que mi hermana pagaba menos por ser menor de 25.

La verdad, yo no tenia ni puta idea de dónde me había metido. Subimos el primer ascensor, petado. Como el tren por la mañana. Y subimos…subimos…continuamos subiendo…yo cierro los ojos…y llegamos. Paramos. Subimos…subimos…paramos. Y estamos en el 2º piso. Bajamos y hacemos cola para subir al ascensor que nos llevará a la cima. En esos momentos mis sensaciones eran: si, estoy en alto, pero no es para tanto…no?

La Torre Eiffel estaba LLENA de turistas de todos lados, y la gracia divina quiso que delante nuestro, en una cola que duró un buen rato, hubiese un tipo, con sus 50 años ya cumplidos probablemente, que estaba pa comérselo con las manos. Impresionante. Una mezcla entre Clive Owen y Hugh Jackman. Vamos, que todos los males de la altura se me fueron.

Por fin, subimos al nuevo ascensor. Mucho más pequeño, pero abarrotado. Y empieza a subir….subiendo….subiendo…y seguimos subiendo…subiendo…subiendo…. Yo ya intuí que algo no iba bien. Estábamos demasiado altas….demasiado para mi, vaya. Pues…asún seguimos subiendo, solo que yo ya iba con los ojos cerrados, sudando e intentando recordar como cóño era el padre nuestro y pensando en que leches diría Dios cuando me viese llegar y supiese que nunca creí en él.

Por fin, y menos mal, llegamos a la cima. Una plataforma estrecha, pequeña y abarrotada donde se notaba el movimiento leve del suelo.
La verdad, me costó despegarme de la pared…pero el tío bueno que antes habíamos visto me sirvió de cebo para poderme mover por la planta. Iba casi detrás de él, como un perrete. Pero es que estaba tremendo! Por desgracia lo perdí, asi que, me enfrente a mi pánico y ale! a echar fotos se ha dicho!

La Torre Eiffel ha sido una de mis experiencias más acojonantes, la verdad. Pero no se si volvería a subir…

Cuando bajamos, continuamos paseando y visitamos bastantes cosas: Notre Dame, la Madeleine, más parques, más zonas, el Museo de Orsay… La verdad, una vez me he puesto a escribir, sería demasiado largo contaros los 3 días paso a paso. Asi que, en el próximo post, os resumiré el resto del viaje (si a alguien le interesa).

En realidad, casi vale más la pena que vayáis. Os costará menos que leer mis parrafadas.